Zoológico de Zúrich
Conservación
A diferencia del zoo de Basilea, el zoo de Zúrich exhibe su compromiso a favor de la conservación a través de ocho programas de campo que reciben más de 2,9 millones de francos suizos anuales a través del Naturschutzfranken (aportación voluntaria de 1 a 2 francos suizos (CHF) añadida al precio de la entrada, creada por zoológicos suizos para financiar proyectos de biodiversidad y protección de hábitats).. Entre otras iniciativas, centra sus esfuerzos en la protección de los elefantes en el Parque Nacional de Kaeng Krachan, en Tailandia. Sin embargo, la aportación total destinada a los programas de conservación —alrededor del 3,1% de los ingresos de explotación totales (2024)— sigue siendo limitada en comparación con las cantidades invertidas en las infraestructuras zoológicas y al mantenimiento de los animales cautivos. Como ocurre en la mayoría de los zoológicos modernos, la conservación se utiliza principalmente como argumento de legitimación de la cautividad. Además, los elefantes residentes en Zúrich nunca serán reintroducidos en la naturaleza y, por lo tanto, no contribuyen al refuerzo de las poblaciones salvajes. Los programas de reproducción sirven ante todo para mantener poblaciones cautivas destinadas al entretenimiento.
Ciencia
El zoológico de Zúrich se presenta como una institución científica. La institución destaca una quincena de proyectos de investigación en cautividad (elefantes, robótica, cognición en anfibios y reptiles, envejecimiento en pingüinos, comunicación en orangutanes y damanes, eutanasia de anémonas, etc.). La mayoría de estos proyectos pertenecen a la investigación fundamental o biomédica realizada en zoológicos; solo unos pocos temas (por ejemplo, el paludismo, la eutanasia o el ADN ambiental) guardan una relación directa con la conservación de la biodiversidad. Un estudio reciente destaca en particular la eutanasia como herramienta para hacer frente a la superpoblación en los zoológicos.
Educación
Para el público, la oferta se basa en un amplio catálogo escolar, talleres de alimentación, visitas guiadas y, desde 2023-2024, dos instalaciones específicas: un centro de conservación, consagrado a los proyectos de campo, con proyecciones inmersivas de 360° y una estación de investigación. La política educativa se integra directamente en el plan director de ampliación del zoo de Zúrich, «Zoo der Zukunft» (2050).
El zoo de Zúrich afirma que sensibiliza al público en materia de protección de los animales y el entorno. Sin embargo, los visitantes observan animales que viven en un entorno artificial, muy alejado de las condiciones que encontrarían en libertad.
Los mensajes educativos suelen poner el acento en las amenazas para los elefantes salvajes, mientras que silencian las limitaciones inherentes a la propia cautividad. La información ofrecida al público es limitada y no permite comprender plenamente las excepcionales necesidades biológicas, cognitivas y sociales de estos animales.
Zúrich podría convertirse en un verdadero referente educativo si utilizara sus capacidades tecnológicas para superar el modelo de observación pasiva del animal cautivo. Experiencias inmersivas, simulaciones espaciales, recorridos interactivos, realidad virtual o instalaciones comparativas podrían educar de forma mucho más humana e interesante que solo ver un elefante cautivo en un recinto.
Los elefantes de Zúrich
El zoo de Zúrich alberga elefantes desde 1971. En 2014, el establecimiento inauguró el nuevo recinto «Kaeng Krachan», que fue presentado como uno de los más modernos de Europa, tras una inversión de unos 57 millones de francos suizos. Actualmente, mantiene en cautividad a cinco elefantes asiáticos (Elephas maximus).
- Thai: macho nacido en 2004 en el Tierpark Hagenbeck (Hamburgo, Alemania) y trasladado a Zúrich en 2014.
- Fahra: hembra nacida en 2005 en el zoo de Zúrich. Ha dado a luz en tres ocasiones: en 2017 (la cría murió en 2022 a causa del herpesvirus), en 2020 (la cría fue matada por la manada poco después de nacer) y en 2023 (la cría murió pocas horas después de nacer).
- Indi: hembra nacida en 1986 en Tharrawaddy Camp, en Myanmar, y trasladada a Zúrich en 1999. Ha dado a luz en cinco ocasiones: Fahim (nacido en 2005, actualmente en Copenhague), Chandra (nacida en 2002, sigue actualmente en el zoo de Zúrich), Omysha (nacida en 2014, murió en 2022 a causa del herpesvirus), Umesh (nacido en 2020, murió en 2022 a causa del herpesvirus) y un macho nacido en junio de 2026 y eutanasiado por un problema en las patas traseras que le impedía desarrollarse de forma viable).
- Chandra: hembra nacida en 2002 en el zoo de Zúrich. Hija de Indi. Potencialmente incapaz de reproducirse.
- Panang: hembra nacida en 1989.
A pesar de la inauguración del recinto Kaeng Krachan en 2014, los elefantes de Zúrich viven en un espacio que no guarda ninguna proporción con la escala ecológica de la especie. Para un elefante, el espacio no es sólo superficie: es posibilidad de desplazarse, elegir rutas, buscar alimento, evitar tensiones sociales, explorar distintos sustratos, acceder a sombra, agua, barro o refugio, y decidir plenamente. Un recinto puede parecer amplio para el visitante humano y, sin embargo, seguir siendo profundamente limitado desde la perspectiva biológica de un elefante.
Según un informe elaborado en 2023 por el Dr. Keith Lindsay, la mayor distancia en línea recta disponible en el recinto exterior es de 80 metros aproximadamente, mientras que los elefantes salvajes recorren de media cerca de 10 kilómetros al día. Los animales se distribuyen en grupos artificiales y deben ser separados por conflictos sociales regularmente. Esto refleja una de las limitaciones centrales del cautiverio: los elefantes no pueden reorganizar libremente sus relaciones, alejarse de tensiones, formar asociaciones voluntarias o mantener redes sociales amplias como lo harían en libertad. Sus desplazamientos, sus contactos sociales y su acceso a distintos espacios siguen estando en gran medida determinados por decisiones humanas.
Desde 1971, Zúrich ha registrado 16 nacimientos, pero también 20 muertes de elefantes, muchos de ellos jóvenes. Varios elefantes han sucumbido al virus EEHV; otros murieron al nacer o tras ser atacados por miembros de su propio grupo (cosa que no ocurre en libertad). Estas cifras reflejan las dificultades persistentes para responder a las complejas necesidades de los elefantes en cautividad. Para el grupo y, muy especialmente, para las madres, cada muerte de una cría tiene consecuencias comportamentales y sociales profundas. Los elefantes muestran respuestas complejas ante la muerte de otros individuos, especialmente cuando se trata de miembros cercanos del grupo. En hembras que han pasado por repetidas pérdidas reproductivas, estos eventos no deberían analizarse solo como fracasos veterinarios, sino también como experiencias de alto impacto social y emocional.
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